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Oración del día 11 de julio, 2019

Señor, gracias por mi despertar, gracias por otro día de vida que me ofreces, que espero no lo añadas a los de “sin novedad en el frente”, porque no ponga nada de amor en él. Sin ti, a mi lado, seguro que meteré la pata en algún momento. Por eso, Señor, empiezo diciendo que te amo y te necesito más de lo que te amo.

Tu bondad para con nosotros excede todo lo imaginable y prefiero estar en tu presencia antes que en todos los palacios de este mundo. Grande eres Tú, Señor. Te has enamorado de la obra de tus manos y cuando vivíamos enredados en el pecado y la confusión, sin ni siquiera poder imaginar una puerta de escape, Tú entregaste tu vida como rescate por todos nosotros.

Nadie ha hecho algo así por nosotros, que, incluso viendo el desprecio de muchos por tu vida al pie de la cruz, Tú quisiste entregarla al Padre, y así darnos la posibilidad de acceder al Reino del Padre amado.

Cuando lo pienso, Señor mío, siento una vergüenza inmensa y una gratitud indescriptible. Vergüenza porque Tú lo das todo y yo tan solo algunas migajas perdidas, gratitud porque lo hiciste por nosotros respetando nuestra libertad de elección.

Y aquí ando, Señor, deseoso de poder servirte, esperando tus Palabras que son vida eterna, aguardando poder comerte sacramentado, no siendo digno de ello, pero acogiendo tu infinito regalo en mi corazón.

Gracias, Señor, porque eres para nosotros la luz que guía nuestro peregrinar hacia la casa del Padre y el alimento que fortalece y nutre nuestro diario vivir.



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