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Oración del día 12 de julio, 2019

Bendito seas mi Dios y Señor, que cada madrugada me llamas a la oración contigo. Eres Tú quien planta en mí esa inquietud que no encuentra calma hasta que la escribo.

Tú sabrás lo necesaria que es, aunque a veces tenga la sensación de que no es útil para nadie. Al fin, Señor, te la escribo a ti, es un diálogo contigo en el que todas las palabras las pongo yo y Tú ofreces el silencio. Pero muy dentro de mí, sé que me escuchas, me lees incluso antes de poner la palabra. Y vivo de esa experiencia de amor que cambio mi vida.

Ahora, Señor mío, me toca vivir en el desierto, cuando todo cuesta un poco más, donde ponerse a orar ya no es algo espontáneo y lleno de alegría. Ahora cuesta, Señor, me tengo que hacer violencia para hincarme de rodillas y orar. Tú sabes, mi querido Jesús. Y quizás, así quieras que sean las cosas: cuesta arriba y con la cruz sobre los hombros. Y así las acepto, si de Ti vienen, mi amado Jesús. Ya he aprendido a no discutir tus decisiones, porque siempre tienes razón y para qué perder el tiempo. Me rindo del todo, Señor.

Te ruego por la gente que has puesto en mis manos, sabes que las llevo en mi corazón y sé que están en el tuyo, bendícelas largamente. Que encuentren esta mañana la frescura de tu amor y que vivan en tu paz y alegría todo el día, que te encuentren en el trabajo, con las manos duras como ellos, que te vean sudoroso y cansado compartiendo el trabajo.

Gracias, Señor, por tu amor inmenso, gracias porque nos conoces y de ese conocimiento tenemos vida en Ti.



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