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Oración del día 13 de abril, 2019

Señor mi Dios, cada día que pasa siento más el calvario al que vas caminando. Me imagino el terror que rodea tu corazón, porque Tú ya sabes lo que va a pasar y, sin embargo, no echas a correr, como seguramente haría yo.

Tú eres vida y por probar esa vida resucitaste a tu amigo Lázaro. Pero ese mismo acto fue la espoleta que inició tu condena y muerte.

Quisiera, Dios mío, acompañarte en esos momentos, beber tus palabras y regalarte mis abrazos y caricias. Sé que es un deseo inútil, porque seguramente si tuviera la ocasión, echaría a correr como el primero.

Escapa a mi comprensión tanto amor por nosotros, porque Tú todo lo hacías por amor, sin pedir nada a cambio. Perdonaste incluso a los que se jugaban tu túnica, después de clavarte a la cruz. Dios mío, bendito seas por siempre, por ese maravilloso regalo que eres para la humanidad.

Ya está cerca tu entrada triunfal en Jerusalén, montado en un pollino, como el hijo de David. Símbolo de que entrabas como lo que eres: la paz de Israel, la paz de la ciudad de David, mi paz.

Fueron los niños, con esa sensibilidad infantil para percibir la presencia de Dios, los primeros en agarrar ramas de olivo y agitarlas cantando: “Hosanna al Hijo de David”.

Permite que me haga un niño y que te abra paso con mis ramas y mis cantos. Déjame, Señor, que agarre el ronzal del asno y lo guíe por las calles de Jerusalén.



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