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Oración del día 15 de abril, 2019

Bendito seas mi Dios, gracias por la celebración de ayer. Ver la Iglesia de bote en bote para acompañar al Señor entrando en Jerusalén fue un regalo que me diste. Eres Tú quien llama a la gente y a Ti te tengo que dar las gracias de corazón.

Tanto amor que muestras a nuestra pequeña comunidad es como un inmenso abrazo que nos das. Me rindo ante Ti, mi Dios, y que sea toda la gloria y honor en tu Nombre, mi Señor.

Déjame lavarte los pies, mi Señor, como la mujer que te los perfumó y secó con sus cabellos. Lo imagino, mi Señor, ya sé que no es posible, sólo sirviendo a mis hermanos puedo hacer algo parecido.

Graba en mi corazón tus palabras, Jesús mío, para que nunca olvide que es en el servicio a los pobres donde puedo encontrar el rostro más parecido al tuyo. Que nunca sienta rechazo por ellos, Dios mío, y que los vea como tus enviados para mi salvación.

Mi Dios y mi Señor, pasaste la noche en Betania y, casi de madrugada, al encaminarte hacia Jerusalén, lloraste al ver su silueta en el horizonte. Era tu ciudad santa, el trono de tu gloria, pero entre unos y otros, la convertimos en muladar y centro de una religión que buscaba su autocomplacencia. Pronto le iba a tocar el turno de pagar todos sus delitos.

¿Cuánto habrás llorado por la ruina de mi vida, Jesús mío? Pero la llenaste de perdón y esperanza. Y cuando uno se siente amado de esa forma, no me quedaba otra que buscar al amor de mi vida. Y lo nada que era te lo entregué e hicimos fiesta.

Grande es tu misericordia conmigo y más grande tu perdón. Me cogiste tal como iba, pero no me dejaste tal cual yo era. Me diste una vida nueva y enterraste el pasado que yo era.

Te amo, Dios mío. Toma mi vida y haz lo que quieras con ella.



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