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Oración del día 16 de agosto, 2019

¡Qué hermoso es encontrarse contigo, Señor mío, a estas horas! Tú nunca fallas y estás ahí, esperando a que yo me presente. Casi siempre medio adormilado y con los ojos que cuesta abrirlos totalmente. Pero Tú avivas mi espíritu y me pones las pilas para que empiece el día con tu bendición.

Las cosas singuen igual, Señor. La Iglesia anda patas arriba, con ese sínodo que promete ser un triunfo del diablo con sus propuestas. Espero, mi Dios, que Tú sabrás cómo parar ese esperpento. Si Tú nos dejaste tan claro como peregrinar a la casa del Padre, por qué nosotros nos empeñamos en confundir a nuestros hermanos con señales falsas y engañosas.

Da la impresión de que se toman decisiones sin la guía del Espíritu Santo, y cada quien campa por sus respetos sin atender a aquello que la Iglesia milenaria ha ido creyendo y viviendo.

Por favor, Señor, sal en defensa de los más pequeños. Ya no sabemos a qué carta quedarnos. ¿Tenemos que hacer caso a nuestra jerarquía y olvidarnos de lo que la Iglesia enseñó durante toda su historia? ¿O debemos plantar cara y defender lo que recibimos de los apóstoles desobedeciendo a nuestra jerarquía?

Son fuertes, Señor, y tienen la autoridad de cambiar de un plumazo la moral y las costumbres de la Iglesia. Si Tú no estás con nosotros, tenemos la batalla perdida.

Por eso, Señor mío, la urgencia de mi llamada. Tú eres la roca en donde puedo acogerme y a ella acudo, con la confianza de que Tú harás lo que mejor convenga. Lo único que puedo hacer es seguirte y obedecerte en lo que me pidas.



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