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Oración del día 18 de marzo, 2019

Bendito seas por siempre, mi Señor y Salvador, al empezar la segunda semana de Cuaresma, siento la alegría que proporciona el estar contigo. Mil gracias por todos los regalos que me haces, que son eso, regalos, no compra ni intercambio, sino fruto de amor que me tienes.

Estoy en tus manos, Dios mío, como a Abraham, salí de mi casa tiempo ha y, a pesar de las dificultades y sacrificios que me ha tocado pasar, no puedo decir otra cosa, si no gracias. No sé a dónde me llevas, pero si vas Tú conmigo, el camino se hace feliz, no importa lo duro que sea.

¡Qué manía tenemos con buscar seguridades! Tú ya lo sabes, necesitamos conocer el camino, la meta, si ésta es alcanzable y si seremos capaces de llegar a ella. Pero ¿para qué tantas seguridades? Si Tú vas con nosotros, Tú eres nuestro seguro y nuestro escudo. Ya sabes, nosotros necesitamos palpar, ver con nuestros ojos todas las promesas que nos has hecho, que, por cierto, siempre se han cumplido. Pero seguimos desconfiados y llenos de temores.

¿Quién nos entenderá? Ten compasión de nosotros, a veces creo que no tenemos remedio. Tenemos dañado el corazón desde el pecado original y si no lo cambias Tú con tu gracia, seguiremos desconfiados y con miedo en el cuerpo.

Señor, transforma nuestro corazón, para que pueda sin dudas ni desconfianzas, amar. Abre nuestras mentes con tu divina luz, para que leyendo tu Palabra, podamos encontrar la guía para nuestra vida. Aumenta, por favor, nuestra fe, para que caminemos, sin desconfianzas, hacia donde Tú nos dirijas.

Haznos obedientes a tus mandatos, sin buscar excusas ni tratar de aguarlos. Reina Tú en nuestras vidas y derriba los idolillos de quita y pon que nos vamos fabricando en nuestro diario vivir.



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