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Oración del día 24 de junio, 2019

Todavía, Dios mío, con el regusto en la boca de la celebración del “Corpus Christi”, me siento empujado a adorarte, a decirte que te amo. Mi corazón se vuelve como los girasoles, que se mueven hacia donde aparece el sol, así está ansioso por encontrar tu presencia.

Señor mío, me envuelve el misterio de tal manera, que ya no trato ni de entenderlo, sólo quiero aceptarlo, Dios mío, y en fe decirte unas eternas gracias. Creo, Señor, creo que verdaderamente estás todo Tú, tu cuerpo, tu sangre, tu alma y tu divinidad. Lo creo, Señor y abro todos los poros de mi ser, para que nada se escape de tu presencia.

Te amo, Señor mío, y todo mi ser depende de ese amor tuyo que se derramó en la Cruz y un trozo de pan y en un poco de vino. Lo único que se me ocurre es, perdóname, Tú sabes, Señor que no soy digno, que nunca seré digno de recibir al Rey de la Gloria. Eres el mejor regalo que he recibido en mi vida.

Por todo ello, te bendigo y te alabo, te entrego mi vida para que Tú la uses como quieras. Ojalá te complaciera jugar conmigo, que fuera tan solo un juguete en tus manos.

La profundidad de tu amor, que tiene vocación de eternidad, es lo que me da vida y es lo que me llama, cada madrugada, a postrarme ante Ti, a pedir tu bendición por todos mis hermanos, a suplicarte que nos enseñes a amar como Tú lo sabes hacer.

Madre, ¿qué sentirías al recibir a Cristo Eucaristía? Habiendo llevado a tu Hijo durante nueve meses en tu seno y ahora recibir a Cristo resucitado y glorioso en un trozo de pan en un poco de vino. Quisiera poder expresar el íntimo gozo que sentirías. Ayúdanos, Madre, a preparar nuestra vida como un arca de gloria para nuestro Salvador y Redentor.



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