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Oración del día 30 de junio, 2019

Señor, que nos llamas cada mañana a tu seguimiento, a que agarremos nuestra Cruz y vayamos tras tus pasos, gracia por darnos la libertad de la elección. A pesar de que han pasado muchos siglos, seguimos repitiendo las mismas excusas que antes: “Eres fascinante, Señor, pero soy demasiado joven, deja que me lo pase bueno ahora, y después claro que te seguiré”.

Y tenemos el descaro de llamarlo “pasarlo bueno”, como si seguirte fuera pasarlo fatal. Adiós alegría y bienvenidas caras largas y tristes, he decidido seguir a Cristo.

Perdónanos, Dios mío, no queremos entender en este mundo la propuesta de tu amor. Y no es que nos lo tengas que volver a explicar. No es eso, Señor. Es que queremos entender, nos da lo mismo cómo nos lo expliques. Preferimos vivir a nuestro estilo, confiando en nuestra buena suerte, como al buen ladrón crucificado, que por sorpresa se encontró con la salvación en el último minuto.

Dios mío, ¡qué imprudentes somos! ¡Qué amor rácano te tenemos! ¡Qué míseros somos ante el despliegue de tu amor!

Te sigo, Señor, no te seguiré. Te sigo ahora, te sigo ya. Ma he negado cien veces a mí mismo. Ya he muerto para este mundo, nada me apetece y nada deseo, sólo quiero llenarme de Ti. He agarrado la cruz que yo mismo me he buscado, pelearme cada mañana entre el quiero y no puedo, mentirme cada mañana de que me subiré a tu altar y me ofreceré a Ti sin apearme a media tarde. Dame fuerzas, Dios mío, porque yo solo no puedo. Y te sigo, Señor, paso a paso, a dónde Tú me quieras llevar. No permitas que tire la toalla. No permitas que caiga en la tentación.



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