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Oración del día 7 de agosto, 2019

Señor, me acerco a ti como la cananea del Evangelio, suplicando a tu misericordia que me trates, aunque sea como el perrito que come las migajas que caen de la mesa de sus señores.

Un día me llamaste para que fuera pastor de tu rebaño, a pesar de mi indignidad y mis constantes rebeldías. Te estoy eternamente agradecido por ello. Tú sabes que en mi ordenación prometí darlo todo a mis hermanos y que toda la gloria, el honor y el poder fueran para Ti.

39 años después, de aquel joven gozoso y feliz por haber sido ordenado sacerdote, ya no queda nada. Ahora sólo son los restos de un hombre cansado y enfermo, con las fuerzas justas para hacer lo que buenamente puede. Por eso, Señor, si es tu voluntad, derrama tan solo las migajas que sobren de tu misericordia y restaures la fuerza necesaria para servir esta comunidad joven y vibrante que has puesto en mis manos.

Sé que nada merezco, que en todo dependo de tu compasión sobre mí. Te doy las gracias porque me has sostenido hasta el día de hoy y noto tu bendición sobre mí. Haces más incluso de lo que te pido y te respondo con excusas y racanerías. Pero ahora, Señor, de verdad me siento sin fuerzas y no tengo a nadie donde acudir.

Soy tuyo, haz de mi lo que quieras. Que tu voluntad se cumpla sobre mí, porque estoy seguro que siempre será para mi bien.



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