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Oración del día 9 de abril, 2019

Señor mío, ya has empezado tu semana de Dolores, como llamamos a la semana anterior a la Semana Santa. En estos días ya has asumido que te llegó la hora y la angustia ha comenzado a inundar tu alma de sombríos temores.

Con todo eso, Tú sigues tratando de convencer a los escribas y fariseos, para que te acepten como el Mesías que eres.

Tienes unas largas discusiones con ellos y, a pesar de todas tus razones y apelando incluso al testimonio del Padre, no hay forma de que te acojan como al Enviado por Dios.

Intentas apelar a la razón y al corazón porque los amas y quieres que se salven. Se lo dices por activa y por pasiva, pero se niegan a escucharte, incluso juegan con tus palabras y preguntan si quieres suicidarte.

A nuestros ojos, seguro que están paladeando los sabores del infierno, pero a los tuyos, no estoy tan seguro. Quizá tu misericordia supere toda la estupidez humana.

¿Cuántas veces en mi vida, Señor, no he querido escucharte? Tapaba mis oídos a tu voz porque eras lo último que quería escuchar. Perdona, Señor, mi orgullo. Estoy tan arrepentido, que se me saltan las lágrimas al pensar todo lo que te he hecho sufrir. Pero Tú seguías amándome, llamando a mi puerta sin descanso, intentando tocar mi duro corazón. Gracias, Dios mío, por tu insistencia, porque al fin rompiste todas las barreras y estúpidas excusas, y te pude escuchar. Gracias porque no me dejaste abandonado a mi suerte, que hubiera sido la eterna condenación. Tú me rescataste, me arrancaste de las garras del demonio, que me tenía esclavo de su maldad.

Señor, necesito tu misericordia, porque sigo siendo un pecador. Soy un desastre, incapaz de nada bueno, si no es con la ayuda de tu gracia.

Gracias, Jesús mío, tus dolores me han salvado y tus sufrimientos me han liberado de la muerte.



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