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Sínodo amazónico: «Le pedimos, Santo Padre, que admita mujeres al diaconado»

Hoy se han publicado las relaciones finales elaboradas por los círculos menores -los padres sinodales se dividen en pequeños grupos según el idioma, principalmente- y que servirán para hacer el documento final. Una de las insistencias más repetidas es un cambio en la posición de la mujer en la Iglesia.


Muchos de los grupos han sugerido y hasta pedido que las mujeres deben ser ordenadas sacramentalmente. Al ser el texto demasiado extenso, les ofrecemos extractos del mismo, en lo referente a las mujeres.

«Además de los ministerios de lectores, acólitos, diáconos permanentes, ministerio de la Palabra, ministerio de bautismo, entre otros, le pedimos al Santo Padre, que admite a la región de la Amazonía, hombres al ministerio sacerdotal y mujeres al diaconado, preferiblemente indígenas, respetados/as y reconocidos/as por su comunidad, incluso si ya tienen una familia constituida y estable, para garantizar los sacramentos que acompañan y sostienen la vida cristiana de la comunidad (IL 102,2). De esta manera daremos un rostro femenino y un rostro materno a la Iglesia».


«Dada la presencia decisiva de las mujeres en la Historia de la Salvación, como María y la Misión de la Iglesia, de Santas, doctoras y consejeras de los Papas; Dado que la presencia de mujeres es decisiva en la vida y misión de la Iglesia en la Amazonía y que el Concilio Vaticano II restauró el diaconado permanente para los hombres, porque es bueno y útil para la Iglesia, creemos que ese mismo argumento es válido para crear el diaconado. para mujeres en la iglesia en la Amazonía.».


«La escucha realizada antes del Sínodo expresó el deseo de conferir la ordenación sacerdotal a los viri probati, así como el ministerio de diaconía para las mujeres. Estos dos puntos requieren una mayor maduración y profundización».

«Se hace necesario que en una Iglesia Sinodal la mujer asuma responsabilidades pastorales y de dirección, debe haber un reconocimiento de la mujer en la Iglesia a través de la ministerialidad; por ello se propone que se realice un Sínodo dedicado a la identidad y servicio de la mujer en la Iglesia donde las mujeres tengan voz y voto».

«Sobre la posibilidad de plantear la cuestión del Diaconado para las mujeres en la Iglesia: Acogiendo, y en sintonía, con varios pareceres expresados en el Aula Sinodal, este Círculo alienta para que se siga estudiando este asunto mirando más a sus posibilidades futuras que a su historia pasada».


«Dada la tradición de la Iglesia, es posible reconocer a las mujeres el acceso a los ministerios instituidos del lectorado y del acolitado, así como al diaconado permanente».

«Nos urge en esta perspectiva, conferir ministerios para hombres y mujeres de forma equitativa, a quien tenga la posibilidad, la madurez, la virtud y la formación adecuada y cuando se considere oportuno y por lo mismo, reconocer oficialmente servicios que ya se prestan o se podrían prestar, sean temporales o permanentes, como son: diáconos permanentes, reconciliadores, lectores, delegados de la palabra, traductores, catequistas, animadores de la comunidad, encargados de la caridad, ministros de la comunión, exorcista-sanador, narradores, cuidador de la casa común y muchos otros, que según los contextos o las necesidades se requieran en función de la misión».


«En cuanto a la misión de la mujer en la Iglesia se propone instaurar un ministerio oficial de la mujer en la Iglesia (cf. IL. 129 a3), incentivando y favoreciendo participación en el liderazgo eclesial que no requiere el sacramento del orden; garantizándole también espacios cada vez más amplios y relevantes en el área formativa: teología, catequesis, liturgia y escuela de fe y política, mayor participación en la formación de los seminaristas (IL 129 c2). Retomar la reflexión teológica sobre el diaconado de la mujer en la perspectiva del Vaticano II (cf. LG 29, AG 16 IL 129 c2). Repensar la estructura ministerial de toda la Iglesia, gracias al estilo peculiar de las mujeres, de caminar con y para el pueblo. Valorar económicamente el trabajo eclesial de la mujer, garantizando así sus derechos y superando cualquier clase de estereotipo (IL 146 e)».



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