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San Egidio y la Eucaristía

Carlos Martel había cometido un pecado grave. Sobrecogido por los remordimientos decidió dirigirse hacia Provenza, para buscar a un abad muy conocido de la época que se llamaba Egidio. Su intención era pedirle la absolución de su pecado sin tener que confesarlo y manteniendo el secreto del crimen.

San Egidio ofició la Misa con este fin, cuando de pronto apareció un ángel que se posó cerca el altar con un libro en la mano. En él estaba escrita la culpa inconfesable. Mientras procedía la celebración, las letras del libro fueron desapareciendo progresivamente hasta borrarse completamente. Entonces, Carlos Martel se halló absuelto.

Antes de la célebre victoria sobre los sarracenos en Poitiers, Carlos Martel había cometido el pecado de incesto con su hermana. Sobrecogido por los remordimientos, no osaba confesar el propio pecado por la infamia de la acción cometida. Entonces, decidió encaminarse a Provenza, donde un abad muy conocido en ese entonces, llamado Egidio. Deseaba pedirle la absolución de este pecado sin confesarlo, manteniendo así el secreto del crimen cometido. Egidio ofició una Misa con este fin. En medio de la celebración apareció un ángel que se apoyó cerca del altar, teniendo en la mano un libro sobre el cual estaba escrita la culpa inconfesable. Mientras la celebración procedía, las letras del libro fueron desapareciendo progresivamente, hasta borrarse. Entonces, Carlos Martel se halló absuelto. La historia de este pecado y de su absolución milagrosa se hizo tan famosa que el fervor popular atribuía

el milagro a Carlo Magno en vez que a Carlos Martel, casi como si el protagonista real del suceso no tuviese suficiente peso.

La fama de San Egidio era ya grande antes de cumplir este Milagro. De origen ateniense, se había retirado a la vida eremita en el bosque de Gard, donde una cierva se acercaba cada día para nutrirlo con la propia leche. Un día, durante una cacería, el rey de los Visigodos siguió al animal hasta el umbral de la gruta donde vivía el ermitaño y allí mató a la cierva. Para reparar el sacrilegio cometido, el rey hizo construir un gran monasterio que se llamaría Saint-Gilles-du-Gard. Se convertiría muy pronto en una etapa importante del camino hacia el santuario de Compostela, antes de que se convirtiera años más tarde él mismo en meta de peregrinaciones. San Egidio es invocado especialmente para las confesiones difíciles.



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