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Tanya, tailandesa budista, interpelada por el Evangelio en primaria pidió ser bautizada

«A veces hay historias inesperadas e inimaginables. Pero me pasó a mí». Nacida en una familia tradicional budista tailandesa, Tanya se convirtió al catolicismo. La visita del Papa a su país, Tailandia, le dio la fuerza para «comenzar su vida pública». Explica su testimonio a Marie Duhamel en Vatican News.

Fue en la escuela primaria donde Tanya descubrió el cristianismo. En Tailandia, la Iglesia dirige más de 370 escuelas con más de 500.000 alumnos, una cifra superior a la presencia católica en el país, que cuenta con menos de 390.000 fieles.

Las universidades, las escuelas secundarias, las escuelas primarias y las guarderías gozan de una excelente reputación, pero esta no fue la razón por la cual los padres de Tanya eligieron su escuela. Los budistas, al igual que más del 95% de los tailandeses, inscribieron a su hija en una escuela católica por razones pragmáticas. El edificio no estaba lejos de casa.


Venir a la iglesia por atracción

No podía imaginar la idea de hacerse católica, pero desde pequeña se sentía interpelada por el Evangelio y, en particular, por los primeros versículos del Libro de Juan: «En el principio era el Verbo (…) Y el Verbo se hizo carne». «En aquel entonces no entendía nada», confiesa la joven. Pero luego le vinieron mil preguntas a la mente. Ya de niña comprendió que le faltaba algo que la impulsaba a buscar… «Tal vez era el Espíritu Santo», supone. Tanya estaba convencida de que no estaría en paz hasta que tuviera una respuesta; sentía la importancia de esas palabras y se prometió a sí misma que un día sería capaz de entender el «misterio» que se le había presentado.

También debe su despertar espiritual a uno de sus maestros «muy bueno y de mente abierta» que, a pesar de ser católico, nunca trató de convertir a sus alumnos. «Me ayudó mucho en mi camino de fe». Gracias a él, la joven se dio cuenta de que el cristianismo es «su vida», que «es lo que ella quiere y busca».

Con esta convicción en su corazón, la muchacha pidió ser bautizada. Para poder lograrlo a la edad de 12 años, buscó la ayuda de su abuela, que estaba vinculada a los jesuitas del país. «En la universidad, uno de los profesores de mi abuela era jesuita y descubrí luego -explica Tanya- que fue él quien pronunció el discurso de su boda». Pese a los esfuerzos, la mediación de la abuela con los padres de la niña no tuvo éxito. «Salió muy mal», dice sin más detalles.

«Después de esto, no volví a hablar del tema». Tanya ocultó a su familia su atracción por Jesús y el cristianismo, pero no dejó de pensar en ello y prometió convertirse «si un día» tuviera «la oportunidad» o «la posibilidad» de «dar un paso adelante en su fe y pedir el Bautismo».

El suyo es un silencio que dura años. En Bangkok nunca habló de ello durante todo el período escolar o incluso en la universidad.


Acogida por San Ignacio

Finalmente, Francia le ofreció la oportunidad de «volver a la promesa que había hecho de niña al Señor». Después de tres años de francés en la escuela secundaria, Tanya obtiene una beca del gobierno francés para realizar un máster en una gran escuela de París, a donde sus padres la dejarán ir en 2015.

En los locales de Sciences-Po Paris, la joven tailandesa encuentra una dificultad, no hay lugar donde poder estudiar. La biblioteca está llena todos los días y al final con una amiga encuentra un espacio libre, que en principio pensaba que estaba dedicado al trabajo pero luego descubrió, para su sorpresa, que en realidad ese lugar era la capellanía. «Fue muy bonito», confiesa, «porque allí, enseguida, alguien me sugirió ir a misa en la iglesia de San Ignacio… Creo que fue el comienzo de mi viaje”.

La primera vez que Tanya entró en la iglesia jesuita de la rue de Sèvres, «fue como un espejismo». La joven luchó por encontrar las palabras. La experiencia fue casi mística. Reconoció el lugar, sin haberlo visto nunca. Una voz le dijo que esto era una casa y se sintió bienvenida.

El apego de Tanya a la espiritualidad ignaciana creció tanto que decidió continuar sus estudios en el Centre Sèvres, una institución universitaria abierta por los jesuitas en 1974, especializada en el estudio e investigación de la filosofía y la teología. Era la estudiante más joven y la única tailandesa de su facultad.

Cuando habla de sus estudios, Tanya se entusiasma. Admite con una sonrisa que todavía le queda mucho camino por recorrer para entender algunas de sus lecciones, como las de Christophe Theobald, su antiguo profesor de Teología Fundamental y Dogmática.

Por haberle enseñado el idioma y haberla acompañado en su camino de fe, Tanya expresa su gratitud al Padre Jacques Enjalbert, su casero y sus amigos de estudio. Algunos se sorprendieron por su bautismo. Lo recibió en 2018, en la iglesia de San Ignacio de París.


Evangelización

Tanya volvió a Bangkok el año pasado. A la edad de 26 años, trabaja hablando inglés en un banco japonés. En este sentido, destaca que el dinero debe ser un medio y no una meta, sobre todo en la Iglesia: «Hay que estar en el mundo pero no ser del mundo», dice, refiriéndose de nuevo al Evangelio de Juan.

Como muchos de su edad, dice que aún hoy está en busca de su vocación, de «su verdadero deseo, su verdadera voluntad». Sigue buscando con la ayuda de la oración, explica, y con las palabras de San Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios”. Y así Tanya no se desanima.

Por el contrario, lamenta ver a los jóvenes tailandeses interesados sólo en cosas materiales: «Se centran en lo que pueden tocar. Si no van a la iglesia, es porque no significa nada para ellos. Se preguntan para qué sirve la fe. Siempre terminan en la cuestión de la utilidad”. Tanya habla de su hermana, quien permanece «indiferente» a la religión, porque está convencida de que sin ella se puede «vivir muy bien y sin problemas».

A Tanya le gustaría reactivar estos corazones distantes de la fe, para permitirles mirar más allá de lo que ven sus ojos, para pensar más allá de lo que la ciencia o su intelecto afirman. «Es -añade- una cuestión existencial”. Por supuesto, no es fácil cambiar el punto de vista o la mentalidad de uno porque «requiere mucho trabajo», dice Tanya. Pero no admite la derrota, al contrario. Fuera de su horario de trabajo, escribe artículos sobre el cristianismo para un sitio web.

Mientras está en la web, la joven trata de utilizar un vocabulario «concreto» y «esencial» adaptado a los jóvenes y más accesible para los tailandeses no cristianos. Ya que, como señala Tanya, la traducción actual de la Biblia o el lenguaje de la liturgia pertenecen a un nivel lingüístico «alto», es decir, muy formal. En otras palabras, incomprensible para la mayoría de la gente.


La vida pública

Además, Tanya quiere dar a conocer su Iglesia a todo el mundo y esto también significa sacudir cualquier prejuicio que los tailandeses puedan tener. Por ejemplo, en el budismo, el mundo clerical y el mundo secular son muy distintos, pero -señala- en la Iglesia Católica, «los sacerdotes no son personas distantes o inaccesibles. Los tailandeses también tienen la impresión de que el cristianismo es una religión de restricción, que trata de privarnos de nuestra libertad, pero es todo lo contrario», exclama. “¿Cómo explicas este sentimiento? Quizás porque – dice – en la cultura tailandesa la palabra del adulto y del anciano no puede ser cuestionada. A los jóvenes se les pide que se callen».

Con la visita del Papa a Tailandia del 21 al 23 de noviembre de 2019, su actividad en Internet ha aumentado. Tanya fue contactada por un importante periódico online para hablar sobre Francisco y la Iglesia. Con sus artículos en tailandés quiere captar la atención de sus lectores, que saben muy poco sobre el catolicismo.

Ha escrito sobre la cerveza trapense o el último Sínodo. Muchos de sus últimos artículos también hablaban del Papa. Al igual que la Iglesia local, Tanya describe a Francisco como el «hombre del bien» y «guía espiritual», pero también menciona «al hombre que encontró dificultades». Habla de su pasado durante la dictadura en Argentina, de lo que le llevó a denunciar las desigualdades. Habla del hombre de fe y del jefe del Estado Vaticano. «Mis lectores estaban muy interesados en la intervención del Papa entre los Estados Unidos y Cuba», y más en general en la diplomacia de la Santa Sede.

La sonrisa de Tanya después de la misa del Papa en el estadio nacional de Bangkok.

En Bangkok, Francisco vino a animar a la pequeña comunidad católica local a evangelizar dando testimonio del Evangelio, siguiendo los pasos de los primeros misioneros que llegaron al país en el siglo XVI. Lo dijo al final de la misa en el estadio nacional de la capital, a la que asistieron unas 50.000 personas y Tanya tomó nota de ello. Ella continuará su trabajo de evangelización.

La visita del Papa también podría llevar a un importante cambio de vida para la joven. De hecho, sin creer demasiado, Tanya había hecho silenciosamente otro voto. Si el Papa llegaba a su país, ella se había prometido a sí misma «comenzar su vida pública». Y vio como Francisco vino a rezar con ellos. Por lo tanto, es «posible, y muy probable» que ella hable pronto con sus padres; ellos todavía no saben que su hija se ha convertido. Sólo querría encontrar «el momento adecuado» para anunciarlo «sin herirlos», «con amabilidad», para que entiendan que si se abre es porque «los ama mucho» y que le gustaría que la conocieran «de verdad».



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