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«Tras mi conversión mi vida se ha complicado muchísimo, pero soy mil veces más feliz»

«Por aquel entonces, yo vivía en Londres, con mi marido y, mis tres hijos. Mi vida era de lo más normal, pero muy frívola. En mi casa desde pequeña me habían educado en el mundo católico. Íbamos a Misa los domingos, hicimos Ia primera comunión, la confirmación, pero era una religión un poco social. Para mi la Misa era aburrida, no la entendía. La confesión era algo surrealista. No entendía ni comprendía los sacramentos.

»Londres es un país anglicano. Yo iba muy poco a Misa y si lo hacía era arrastrada, por mi marido, que era el único que se preocupaba. Estaba muy alejada de la iglesia, tenía, una fe muy tibia.

»Debo mi fe a una amiga anglicana, sin fe en Ia Virgen, sin entender el catolicismo. Era mi mejor amiga en Londres y un día me habló de Medjugorje, me contó que había ido a ayudar en los campos de refugiados, ya que en aquel entonces estaba, la guerra de Bosnia, y que quería volver. Yo pensé que se había vuelto loca. Le chillé y le dije que le iban a matar, pero ella me insistió en que no pasaba nada, que ya habían llegado los cascos azules y que además, la Virgen había prometido protección a este pueblo. Ella, siguió yendo y yo noté un gran cambio en ella. Antes de ir allí nuestra vida era muy frívola, nuestros maridos trabajaban y nosotras, gastábamos el dinero en tiendas, en cafés...

»Un día, quedé a comer con ella y su hermana y me contaron que habían organizado una peregrinación a Medjugorje, a dos meses vista. Contaban conmigo para ese viaje. Era eI año 99 y la guerra estaba muy avanzada pero más controlada. Se pusieron muy pesadas insistiéndome en que fuera y yo me puse muy agresiva, algo que no iba con mi carácter y mi forma de ser.Yo me puse muy violenta y enfadada y les dije que eran unas irresponsables.

»En ése momento, cuando más violenta y enfadada estaba escuché una voz en mi corazón, una voz de mujer muy dulce y muy tierna que me dijo: "Por qué me tienes tanto miedo si yo te espero aquí". Me quedé bloqueada y pensé que había comido alguna seta en malas condiciones que me habían hecho escuchar voces, pero seguí chillándoles hasta que volví a escuchar la misma voz que me dijo: "Por qué me tienes tanto miedo si yo te espero aquí. Ven".

»Esta vez me decía ven. Me quedé parda tiré los cubiertos y sin saber por qué les dije: "voy con vosotras compradme un billete". Ellas se quedaron alucinadas, y una se levantó y salió corriendo comprarme el billete.

»Terminó la comida y me fui temblando a casa y al llegar ya me había arrepentido, pero la hermana de mi amiga ya me había sacado el billete. En ese momento ocurrió el segundo milagro y fue que yo llegué a casa y le dije mi marido: "José Antonio qué me voy a Bosnia, qué se aparece la Virgen". Mi marido en vez de reñirme me dijo: "Vale. Yo me ocupo de los niños". Ahora no entiende porque me dijo eso, porque pensándolo fríamente era una irresponsabilidad.

»Llegamos a Medjugorje y el primer día estaba muy rabiosa e insoportable. Me obligaron a ir a Misa y allí tuvo lugar el primer milagro. El sacerdote que nos acompañaba en el viaje concelebró la Misa. Llevaba una casulla azul y recuerdo que pensé: "Qué guapo es el padre O´Malley". Pero el padre O´Malley tiene 80 años, es calvo con una nariz muy grande... Pero me pareció guapísimo. Para mí era como un foco de luz.

»Saliendo de la Iglesia y llegó el momento clave en mi vida. Andando hacia un hangar, en mitad de la nada, al aire libre, se paró todo lo que estaba a mi alrededor, la gente, el ruido... Me asusté porque en tres segundos tuve el impulso de mirar hacia el cielo, y algo supe fuerte me cayó encima, sé que era agua en forma de rocío y sé que era un rocío de amor, un amor tan grande, tan grande que nunca encontraré palabras humanas para describirlo.

»En tres, segundos toda mi vida pasó por delante. Sé que vi todos mis pecados desde que tenía conciencia. Yo pensaba que era santa porque no robaba, no mataba, adoraba a mi familia, pero yo no hubiera logrado ir al cielo en aquel momento. Me hubiera quedado en el purgatorio. El Señor me habló. Una voz de varón entró en mi corazón y me dijo: "María, María, así es como te amo y así es como amo a todo el mundo, pero nadie me corresponde".

»Yo en ese momento me quise morir, porque el amor era brutal. Y tuve un desgarro bestial en el corazón por el dolor que mis pecados habían provocado en Cristo. El Señor me hizo ver el dolor que yo, con mis pecados, había hecho a otras personas se lo había hecho principalmente a Él. Y fue ahí cuando me quise morir. Sentí una vergüenza horrible de estar ante todo un Dios y ver que no le había dado nada y que yo había recibido todo. Y le pedí al Señor que me llevara con él, con ese amor tan grande. Pero me dijo que no y que contara al mundo su amor y todo de repente volvió a moverse.

»Seguía asustadísima. El corazón me temblaba y comencé a llorar por todos mis pecados. Aprendía a rezar el Rosario y sólo quería confesarme. A la vuelta a Londres, después de conocer al Señor, Comenzó el cambio más radical de mi vida. Solo quería ir a Misa, rezar el Rosario, hablar de la Virgen... Cada vez que pasaba por delante de una iglesia católica, sentía la necesidad de entrar. Era como un imán y me quedaba sentada delante del Sagrario y lloraba sin parar.

»Unos meses después les conté a mi marido y a mi director espiritual lo que había pasado en Medjugorje. Un mes después de aquella confesión, entré en una iglesia en la que estaba expuesto el Santísimo y después de rezar, cuando ya me iba, una voz me habló al oído y me dijo: "Gracias por venirme a ver un ratito". Nunca más volví a escuchar voces. A partir de ese momento mi vida cambió y comencé a ser una apestada, muchos amigos pensaron que me había vuelto loca, la editorial con la que trabajaba me dejó de lado... Pero a pesar de tantos problemas y cruces comenzaron grandes regalos».



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